Este domingo fui al ”poble” de mi padre para celebrar una comida familiar. Hacía meses que no iba y antes de marchar pasé un momento para saludar a mi abuela, la “meva padrina” que decimos por allí. Tiene 89 años, problemas de Alzheimer y lleva mucho tiempo postrada en una silla, sin salir de casa por un problema de descalcificación de los huesos.

La verdad, es que al entrar en la habitación y verla allí , tan impedida y ausente me dio pena, y pensé que hace años, cuando todavía era un poco consciente, me comentó que ella ya lo había vivido todo en esta vida y no entendía por qué Dios no se la llevaba, porque aquí ya estaba de más...

Me acerqué a ella y le dije : “ Hola padrina, ¿sabes quién soy? ” y ella , con una sonrisa, me contestó: “ Si, claro, mi hermano pequeño...” y empezó a contarme la mañana en que los dos nos fuimos al bosque a recoger moras, y las horas se nos pasaron tan rápidas que en el pueblo nos dieron por perdidos y empezaron a buscarnos con preocupación, hasta que aparecimos andando, tan panchos, cuando ya casi era de noche...

Ni ella ni yo pudimos evitar la risa , y entonces me di cuenta que siempre la recordaría así, divertida y cariñosa con todos, y pensé que jamás me olvidaría de ella ni del bocadillo, buenísimo, que cada tarde me preparaba para merendar...